No es un capricho. Tampoco un premio. El sexo es una necesidad. Aunque parezca una broma, practicar sexo es una tarea tan imprescindible para el común de los mortales como comer o respirar, en tanto que constituye una necesidad fisiológica. Tendemos a pensar que, por muy urgente que parezca, no es para tanto, que podemos -más o menos- apañarnos sin él, que existen otras necesidades humanas que nos apremian con más urgencia (ir al baño, por ejemplo: eso no lo puede uno postergar demasiado). Pero es falso. Mentira. El sexo nos hace mucha, mucha falta, igual que comer legumbres o relacionarnos con otras personas. Es humano.

Por eso cuando nuestro cuerpo necesita sexo, nos envía señales. A veces sutilmente, a veces a gritos. Hoy te contamos aquí algunas de ellas. Y aunque te suenen, esperamos de corazón que no estén demasiado presentes en tu vida. Si por desgracia así es… ¡ponle remedio ya! Escucha a tu cuerpo, que de sexo sabe un montón.

Una cuestión de piel

¿Parece que te han bajado el brillo con un mando a distancia? ¿Estás mate? ¿Como si te hubieran pasado un filtro retro de Instagram? Pues ojo, porque eso no se arregla ni con tratamientos estéticos. Por muy caras que sean las cremas que te eches no vas a solucionar nada. El verdadero secreto está, ay, como casi siempre, en lo que ocurre entre tus sábanas. Dale ‘vidilla’ a tu ritmo sexual y lo notarás al mirarte al espejo. “¡Cómo te brilla últimamente la piel!”, te dirán, “¡qué resplandeciente!”, “¡qué firme y tersa!”, “¿has estado en el mar?”, “¡cuéntanos tu secreto!”, “¿algas marinas?”… Y tú pensando, “¿secreto?, ¿pero qué secreto?, si yo llevo una vida normal y corriente”. Claro, pero con sexo del bueno. Así cualquiera.

No pegar ojo

Si al terminar el día te metes en la cama y no hay manera de que el sueño se apodere de ti, piensa que la práctica asidua de sexo podría ser tu mejor aliada. Ni pastillas para dormir, ni infusiones, ni leches. De hecho, las recomendaciones habituales suelen ser dieta sana, hacer deporte regularmente… cosas de esas que nunca apetecen nada. Y si encima piensas que la cocina no es lo tuyo y que correr es de cobardes, mejor apúntate a la terapia del sexo intensivo. Eso sí que sabes hacerlo bien. Y ya verás como, con sexo a punta pala, empiezas a dormir a pierna suelta y tus sueños se vuelven más felices que nunca.

Me están estresando

A ver, ojo con ese humor de perros que gastamos últimamente. Si saltas a la mínima, a lo mejor deberías tener sexo a la mínima. Piénsalo, nos pasamos el día pendientes de mil cosas: trabajo, compromisos, familiares (cercanos y lejanos) amistades (reales y virtuales) y, desgraciadamente, nos olvidamos de procurarnos a nosotros mismos un poco de placer. Así es normal que nos salga el estrés por las orejas. Por eso, tómatelo en serio:   quédate tan a gusto mandando a todo el mundo a la porra. A todo el mundo menos a una persona, claro, la que tú elijas. Ya va siendo hora de quererse un poco, que vaya vida agobiante que llevamos. Menos correr y más correrse (con perdón).

No me aguanto ni yo

¿Te suenan? La endorfina y la serotina son las hormonas de la felicidad. Benditas sean. A veces el cuerpo nos las pide desesperadamente, y nosotros (que parecemos tontos) nada, que no nos enteramos, ahí en el sofá viendo la serie de turno. Y luego nos preguntamos que qué nos pasa, por qué nos sentimos tristes, qué tiene la Zarzamora que a todas horas llora que llora por los rincones. Porque esa es otra. Dicen que llorar es buenísimo, que desahoga, que libera emociones, que es bajo en grasas naturales, que es muy bueno para el cutis y que desgrava en la declaración de la renta. Pero tú, mejor, déjate de lloros. Si lo que quieres es librarte del malestar, regálate la alegría del sexo. Ya verás como te levantas cada mañana dando palmas con las orejas. ¡Olé!

Autoestima baja

Echa un ojo a las siguientes afirmaciones, son verdades como puños. “Cuando uno se quiere a sí mismo, quiere mejor a los demás”; “cuando uno se ama a sí mismo, ama mejor a los demás”; “cuando uno tiene sexo consigo mismo, tiene mejor sexo con los demás”.

Moraleja: hay que empezar a tratarse mejor y hay que empezar a hacerlo por uno mismo. Quererse, amarse, tener sexo. El camino hacia la felicidad se hace de la mano de una autoestima alta. ¿Te corres? Digo… ¿te apuntas?

Todo el día con el sexo en la boca

¿Vas por la vida obsesionado con el sexo? ¿Sacas rimas obscenas a cualquier cosa que se diga a tu alrededor? ¿”Cinco”, “Torrelodones”, “Logroño”? Pues vaya tela contigo. Date cuenta de que el personal lo mismo está harto, de que a lo mejor no piensan muy bien de ti y de tus obscenidades. Seguramente den por hecho que necesitas terapia. Pero que no cunda el pánico: nosotros, por ahora, te recomendamos un tratamiento que es imposible que sea más sano. Consiste, simplemente, en que practiques sexo más a menudo; en que lleves, en la medida de lo posible, una vida sexual más sana, equilibrada y satisfactoria. Mano de santo. Sólo con eso ya notarías el cambio, hablarás menos de sexo en público, porque por suerte lo practicarás más en privado. La vida es demasiado corta para pasarla hablando de sexo en lugar de practicándolo.

 

Y bueno, hasta aquí nuestro tema de hoy. Como decíamos, deseamos que ojalá no padezcas estos síntomas demasiado a menudo. Y es que en el sexo no hay trampa ni cartón: es semen todo lo que reluce. Y como somos conscientes de que al otro lado de las pantallas estáis vosotros, los verdaderos expertos en sexo gracias a vuestra experiencia, una vez más os solicitamos ayuda: ¿mediante qué medios os pide sexo vuestro cuerpo? ¿Habéis sentido en vuestras propias carnes estos síntomas? ¿Otros distintos? ¿Alguna curiosidad o anécdota? ¿En qué ocasión se arreglaron vuestros problemas gracias al sexo?

Nos despedimos, no sin antes recordar que las personas con sexo son mucho más felices. 9 de cada 10 psicólogos lo recomiendan (el que dijo que no es porque no tendrá mucho sexo, el pobre. O porque vive en la ignorancia).