El sexo es uno de los motores que nos mueve por la vida. Piénsalo. Qué calcetines has escogido esta mañana. ¿De verdad que en el fondo no los has elegido por el sexo?, es decir, ¿por la posibilidad inconsciente de tener sexo, aún sabiendo a ciencia cierta que no lo ibas a tener? El sexo no es que sea capaz de mover montañas, es que el sexo es la montaña. El sexo es la misma vida. Digo todo esto sin exagerar. Quién lo ponga en duda que se autoanalice un poco: ¿qué cantidad de pensamientos relacionados con el sexo tenemos a lo largo de un día? ¿Decenas, cientos, miles? No, no necesitas un psicólogo (al menos no por este motivo): estar obsesionado así con el sexo es lo más normal del mundo. (O eso pienso yo, aunque a lo mejor quien necesita un psicólogo soy yo.)

Sí. Hoy nos toca hablar, dentro de esta moderada y sana obsesión que para nosotros constituye el sexo, de las relaciones esporádicas. Un mundo maravilloso, complejo y, sobre todo, divertido. Quién lo probó lo sabe. Uno de esos “aquí te pillo, aquí te mato” ha solucionado más de una crisis personal. O una canita al aire, oye, que un día es un día y sólo se vive una vez. Desde esta tribuna recomendamos encarecidamente degustar las virtudes del sexo ocasional. O por lo menos, que se pruebe durante alguna época que otra en la vida. Las alegrías que nos proporcionan las relaciones efímeras nada tienen que ver con las de una pareja estable (ojo, y viceversa, pero de estas otras hablaremos en otra ocasión). Ahora, sin más dilación, enumeramos aquí algunas pistas para que te organices mentalmente. Así, al final del artículo, como siempre, podrás dejar tu opinión en los comentarios y también, si lo estimas conveniente, recomendarme un psicólogo.

Ventajas

Se me llena la boca hablando de sexo esporádico, no sé si el lector avispado se habrá dado cuenta ya. Qué maravilla. Se me van las manos por el teclado y escriben solas. Ahora, en realidad, lo que me pide el cuerpo es abrir algunas aplicaciones para conseguir un ligue, o directamente echarme a la calle a desplegar mis encantos. Pero no. Me he comprometido a escribir este artículo y aquí estoy, formal y responsable, desgranando una a una las gloriosas ventajas de las relaciones ocasionales. ¡Viva el sexo esporádico!

¡Fuera los corsés!

Ni estereotipos, ni etiquetas, ni clichés, ni normas, ni reglas, ni ataduras. Siéntete libre de explorar tu sexualidad, que para eso es tuya. Una temporada de sexo esporádico (que no es lo mismo que de sexo indiscriminado), picando de aquí y de allá, te puede venir de lujo en según qué época de tu vida. Es importante que las dos personas (o más) que intervengan en la relación tengan claro que la cosa va de una noche (o unas pocas noches) y nada más. Que si no luego vienen los malentendidos y cuando estás poniéndote el abrigo para irte te preguntan si quieres conocer a sus padres. No y mil veces no. Hemos dicho que nada de ataduras. A ver si en lugar de explorar tu sexualidad vas a terminar explorando la casa de tus futuros suegros en busca del baño, con el vientre suelto por el disgusto.

Di adiós a la rutina

¿Una cita a deshoras, por ejemplo un martes de madrugada? De acuerdo. ¿Hoy pasarás el día con el estómago vacío porque tienes un ligue a la hora de comer de la oficina? Perfecto. ¿Ayer no pegaste ojo pero tuviste tres orgasmos como tres castillos? Pues estupendo. De eso se trata. De sentir la alegría de vivir. La adrenalina. A la vida hay que ponerle un poquito de épica. Los horarios estrictos, para el AVE. Para ti no.

Independencia

No. Ya sabes que en este blog no hablamos de política (porque es lo contrario del sexo). Nos referimos a TU independencia. La que te hace no tener que dar explicaciones a nadie. La que te hace libre. La que te hace feliz. Lo que tanto se dice tanto de “poder salir y entrar en casa cuando te dé la gana” no es más que la punta del iceberg. Se trata más bien de disfrutar de tu vida con plenitud, a tu total y absoluto antojo. De que mires por ti. De que te dés caprichos de placer. De que tengas relaciones esporádicas porque, según te lo montes, pueden ser la sal de la vida. De tu vida.

 I feel alright!

Cantas en la ducha. Bailas desnudo cuando nadie te ve. Das palmas con las orejas. Te entran los nervios por la cita de esta noche. Te pones sugerente hasta comprando el pan. Estrenas ropa, también interior. Te da igual mojarte si llueve. Caminas sin zapatos por la hierba. Te parece que hace un día estupendo aunque el cielo esté lleno de nubarrones. Te miras y te remiras en el espejo, te mandas besos y te guiñas el ojo. Hablas a solas, te gustas a solas. Sientes tu propio atractivo. Enarcas las cejas. Te ríes a carcajadas y casi de cualquier cosa. Duermes sin pijama. A lo loco se vive mejor. Con sexo esporádico se vive mejor.

Zzz zzz zzz

¿Te acuerdas de esas épocas de tu vida en las que, por una cosa o por otra (o por las dos), no podías dormir? Venga a dar vueltas en la cama, la respiración entrecortada, nerviosa, una paseo hasta la nevera para ver si la cosa mejoraba, resoplidos varios… Y nada, el sueño no llegaba. Pues bien, has de saber que liberar tu estrés con sexo esporádico es la mejor opción. ¿No puedes dormir? Tira de agenda, echa el polvo del año

y ya verás como duermes toda la noche a pierna suelta. Te lo digo yo, que también tengo agenda.

Inconvenientes (parece mentira, pero los tiene)

 Venga, seamos honestos. Todo el monte no es orgasmo. El sexo esporádico puede darnos también algún disgustillo que otro, alguna incomodidad tenía que haber en el paraíso. Es conveniente saber a que se expone uno cuando se tira a la piscina de los orgasmos ocasionales. Toma nota:

¿Hoy, mañana, pasado, el mes que viene, en 2038? ¿Cuándo tendré sexo, por mi madre?

A veces, por mucho que intente uno tirar de agenda o lanzarse a la selva salvaje de la conquista, la cosa no funciona. Qué le vamos a hacer. Malas rachas ha tenido todo el mundo. To-do-el-mun-do. Así que no hay que preocuparse: más bien al contrario, la receta, querido lector, es relajarse: hablar, sonreír y confiar en la vida que, afortunadamente, es impredecible y nos guarda gratas sorpresas con forma de casualidad a la vuelta de la esquina. Espera la tuya, o mejor dicho: las tuyas, en plural. No desistas. De un día para otro te descubrirás a ti mismo poniéndote morado. Pero sí: una mala racha es una faena, qué duda cabe. Paciencia.

En tu casa o en la mía

No, no nos referimos a un programa de Bertín Osborne ni tampoco de Arévalo. Es una decisión estratégica, ponte en situación: has tenido una cita para cenar y la cosa, tras los postres o la copa, parece que promete. Vaya si promete. Entonces, a ver quién mueve ficha. Si vais a tu casa verá tus cosas, te conocerá un poco más y, sobre todo, ya sabrá donde vives. Pues ojo, porque a lo mejor no te apetece ninguna de las tres cosas. Sin embargo, si vais a su casa y juegas como visitante, corres el peligro de que estés más a gusto allí que en la tuya propia y te entren ganas de ir más veces (a mí me pasó en cierta ocasión). Por tanto, parece sano plantearse también tirar por la calle de en medio: un polvo en el baño del restaurante y cada mochuelo a su olivo. Hay que ser práctico.

No te montes películas

Pues sí. Eso del sexo glorioso la primera noche está absolutamente mitificado. Para qué nos vamos a engañar. Pueden pasar mil cosas: que uno llegue al clímax enseguida, treinta y ocho minutos antes que el otro (no como en las películas, donde parece que tengan los genitales sincronizados), que uno de los dos sude demasiado y lo ponga todo perdido, o que se ponga bizco antes de tener el orgasmo y la cosa pierda todo el encanto. Pueden darse muchísimas circunstancias que derriben el mito: puede incluso que llegues a casa peor de lo que te fuiste. Pero, querido lector, es lo que tiene que ir de flor en flor, que a veces se encuentra uno con un abejorro inesperado.

Para terminar, yo diría que si hacemos balance entre ventajas e inconvenientes, parece que el saldo es positivo. Pero recordemos que el sexo esporádico nos puede aportar buenos momentos y experiencias, siempre y cuando nos encontremos en un momento sentimental y anímico idóneo para su práctica. (Dicho de otro modo, si llevas años de matrimonio y eres feliz con tu pareja, a lo mejor no es buena idea, pero tú verás). Los inconvenientes (que, como hemos visto, haberlos haylos) en realidad pueden fácilmente tomar tintes divertidos que amplifiquen aún más lo ameno y placentero de tus encuentros esporádicos. Así pues, no hay nada que temer (a no ser, como decíamos, que vivas con tu pareja en una situación de compromiso: entonces sí tienes mucho que temer).

¿Y tú, cómo te lo montas cuando estás en modo esporádico? ¿Disfrutas de lo lindo?