¿Como iba a imaginarme que se me rompería la magia?

Sábado. Me quedo en la cama dos horas, puede que tres. Yo qué sé. Relax.

Releo Lolita por… ¿octava vez?

Estiro mi cuerpo al máximo. Salgo de mi hibernación. Arrastro las zapatillas por toda la casa. Pongo musicote. Jazz. Me preparo mi plato favorito, sin calcular sus calorías ni mis remordimientos. El sol entra por la ventana.

No me acuerdo de mi ex. Soy feliz.

Veo un capitulazo de The Deuce, mi serie actual.

Abro Tinder.

Ojo. El match del siglo. Cuerpo. Cabeza. Pintaza.

Dos horas de espejo. Iré a la cita como si fuera la más importante de mi vida. Todas lo son.

En local acordado… Oh, surprise! Es mejor incluso que en fotos. Un par de cervezas. Conversación. Risas… Y por fin. Besos. ¿A su casa? Lo estaba deseando.

La liamos en el taxi. También en el ascensor. Nos bajamos en el séptimo cielo. Me ofrece una copa. ¿Ha puesto jazz? ¡Sí! Enganche de cuello hasta la habitación. Morreos infinitos. Sábanas frías. Gloria bendita.

Le pido un gel. Un lubricante. Algo divertido. Que nos dispare todavía más la imaginación, las risas, las “ganas de”.

Y aparece con un pedazo de bote de lubricante. Estrujado. Espachurrado. Pegajoso. Abierto. Con el contenido por la mitad. Y oxidado, por llevar tanto abierto. Encima un chiste malo. Sobre las veces que lo ha usado anteriormente. ¿Pero cómo se atreve a estropear mi sábado de esta manera? ¡Al diablo!

Se me quitan las “ganas de”. Ni mi ex lo hacía tan mal. Me vuelvo a casa. O mejor dicho… Me vuelvo a Tinder.

 

Y allí edito mi perfil. Lo dejo claro, para futuras ocasiones: o Tokkets, o nada.

Que no se rompa la magia, XD.