En mi familia, cuando llegan estas fechas, organizamos un amigo invisible. Ya se sabe: ese juego consistente en regalar algo no muy caro para, a cambio, recibir un regalo que no usarás en toda tu vida. Mi historial es el siguiente: unos leotardos “calentitos”, un plato, un libro de recetas con higos y un puntero láser.

Pero este año mi suerte parecía haber mejorado. Al terminar el reparto, asistí de manos vacías a las típicas risas y/o caretos de decepción. Así es: el familiar encargado de mi regalo se habría olvidado de mí.

Y seguramente estaría pasando un apuro. Pero yo, tan contenta. Así, al menos, no tenía que fingir ilusión por un puntero láser. Lo dejé pasar, no dije nada. Qué más me daba. Para mí, la magia de la navidad está en otras cosas, no en un regalo de mi cuñado Antonio.

Merendamos. Charloteamos. Encargamos cena. Charloteamos más. Como manda la tradición, mi tía casi se nos queda, ahogada por un polvorón. Deberían poner el símbolo de advertencia en el envoltorio. Cuando por fin surgieron los bostezos, cada mochuelo se fue a su olivo.

Ya en el rellano de nuestro olivo, mi chico dijo haberse olvidado algo en el coche. Yo pasé a casa, muerta por descalzarme. Y entonces, oh sorpresa, descubrí que mi amigo invisible de este año se había puesto las pilas.

Por el camino hasta la cama, por el suelo, me topé con: un Tokket lubricante efecto calor base acuosa, un Tokket lubricante orgánico base aceite, un Tokket aceite de masaje, un Tokket potenciador del orgasmo femenino, un ejercitador del suelo pélvico y un retardador del orgasmo natural.

Con un chico como el mío, a la navidad todavía le queda magia. Aprovechando, saqué del armario nuestro juguete favorito.

Esta Navidad, menos amigos invisibles y más amantes de verdad 😉