Conoces a alguien. Parece interesante. Sonrisas. La cosa parece que se anima. Miradas, roces, insinuaciones… ¡Esto marcha! Pero de repente… Bluuuuuf. Se rompe la magia. Bajón. ¿Nunca te ha pasado? Aquí algunos ejemplos. Mucho ojito.

  • Quedáis para cenar y está todo el rato pendiente del telé ¿WhatsApp le pone un sueldo? ¡Maldito móvil! ¡Es el anti-clímax! Se ha roto la magia.
  • Cita en tu casa para “ver una película” (sí, entre comillas). Y resulta que Garci quiere ver la película DE VERDAD y luego comentarla, en plan cinefó ¿Magia, dónde estás?
  • Usa tu baño y lo deja hecho unos zorros, que parece que ha pasado por allí el Katrina. Vaya charco, ¿ha roto una tubería? No, ha roto la magia.
  • Pasa la noche en tu casa, pero por la mañana se levanta y sale corriendo como si hubiera fuego en tu edificio. Rompe la magia.
  • O al contrario: eres tú quien quiere que se largue cuarto antes, pero se queda a desayunar, al vermú y casi se acopla a vivir en tu apartamento. Ni magia, ni leches. Cada uno en su casa y Dios en la de todos
  • Se niega a usar tu juguete favorito en la cama. Dice que le da vergü ¿Vergüenza? ¿A estas alturas del siglo XXI? ¡Por favor! Cuando el aburrimiento aparece, la magia desaparece.
  • Le pides un lubricante y, en lugar de un Tokket, saca un bote de esos grandes, con el borde pegajoso de haberlo usado ya mil veces. Ha roto la magia.
  • En sus fotos de Tinder había más photoshop que en un kiosco entero de revistas del corazó Te han retocado la magia tanto que te la han roto.
  • Se pasa la velada hablando de su (puñetera) madre. Sí, es verdad, la maternidad es mágica, pero aquí y ahora, no. Ha roto la magia.
  • Habéis cenado copiosamente y resulta que tu amante tiene gases. Bye, bye magia!!!

 

Lo decíamos. Cuidado. Hay mil maneras de romper la magia. Te deseamos, de corazón, que nada de esto te ocurra. Si vas a descruzar las piernas… ¡Antes cruza los dedos!