¿Te puedes hacer una idea sobre el número de relaciones sexuales que habrás tenido en tu vida hasta la fecha? ¿Cientos? ¿Miles? ¿Cientos de miles? Qué difícil es calcularlo (O, si no tuviste mucha suerte por ahora: ¿Un puñadito? ¿Cuatro o cinco veces? ¿Una sólo, pero la disfrutaste mucho? ¿Eres más del sexo en solitario?)

Bien. Aunque la tarea también es ardua, dado lo imposible de recontar el número de veces que has tenido sexo, lo que si vamos a hacer esta semana aquí es clasificar esas relaciones sexuales según su tipología. Aquí van unas cuantas:

Sexo de propina

El último baile. Acabas de romper con tu pareja. Ohhhh. No hay arreglo posible. Se acabó. Chim-pón. Lágrimas. Qué disgusto. A ver cómo se lo cuento yo ahora a mi familia y a mis amigos. Aunque eso es lo de menos. ¿De verdad que esto no tiene arreglo? No, no lo tiene. Ya no nos queremos como antes. Qué mal sabor de boca. Pero, oye, de repente, cuando todo está abajo, la libido sube (por decirlo en plan fino). El momento se calienta. Total, ya no tenéis nada que perder. Y es buena idea despedirse en condiciones. Así que nada, cuando os queréis dar cuenta, la penúltima caricia os ha llevado al penúltimo beso, el penúltimo beso al penúltimo lametón, y el penúltimo lametón al penúltimo revolcón. Desde luego, no hay mejor manera de decirse adiós que echando un polvo. Al fin y al cabo, vuestros genitales también querrán despedirse. Uhhhh! Ohhhh! Ahhhh! Good bye, baby.

 

Sexo tímido

Determinadas personas han tenido este tipo de sexo (yo no, yo lo sé por un amigo). Se trata, sobre todo, de una experiencia que se vive típicamente durante la primera vez. ¡La primera vez que te acuestas con alguien! ¿Recuerdas aquel momento? ¡Qué nervios! ¿Tendría uno que enseñar uno sus vergüenzas, así de golpe? ¡Qué vergüenza! Vaya tela, toda la vida esperando el primer polvo y ahora te da cosilla que te vean como Dios te trajo al mundo. En fin… cuanto antes se solucione este tema, mejor. No es lo mismo pasar esa vergüenza en la adolescencia, que en la juventud, que en la madurez… En la vida todo es ponerse, nunca mejor dicho. Nosotros, desde aquí, ya sabéis que promovemos el disfrute del sexo sin barreras mentales, y que cada uno haga con su cuerpo lo que le dé la gana, que para eso es suyo. Pero, desde luego, también recomendamos que enseñarlo no sea un motivo de apuro.

Sexo-chantaje

Venga, reconozcámoslo. ¿Quién no se ha esforzado en el sexo para luego pedir algo a cambio? ¿Y quién no le ha hecho a su pareja eso que sabe que tanto le gusta para que luego le preparen el desayuno, que le lleven a su sitio favorito a cenar o, simplemente, para recibir a cambio amor en vena de la persona a la que ama, es decir, cariñitos a tutiplén? Desde luego que lo ideal es que tu pareja te brinde en bandeja esos caprichos sin necesidad de darle nada a cambio, pero… una ayudita en la cama siempre viene muy bien. En resumen: si quieres a tu pareja en la palma de la mano, sabes mejor que nadie cómo hacerlo. O mejor dicho: cómo hacérselo.

Aquellos maravillosos polvos

Esta curiosa tipología suele darse en épocas de sequía. Piensa en uno de esos días en que el aburrimiento te está hundiendo en el sofá de mala manera. Entonces repasas tus contactos de WhatsApp, vas bajando, vas bajando, vas bajando… y al final, mírale, ahí sigue, te encuentras con tu ex. El del sexo de propina. El del último baile, ¿recuerdas? Ya casi ni lo recuerdas. Pues nada: pruebas y le escribes. Porque mira, con un pelín de suerte, sudarás esta noche. Lo sabes. Es sólo un calentón. Y no será, ni mucho menos, sexo memorable. No pasará a la historia (o cuanto antes pasé a la historia, mejor). Pero oye, menos da una piedra. Al menos te soluciona la papeleta. Y tanto. De aquellos polvos estos lodos.

Aquí te pillo, aquí te cato

En este espacio, han sido múltiples las ocasiones en las que hemos hablado del polvo apoteósico con un desconocido, pues es el paradigma del sexo esporádico. Así funciona: te presentan o coincides casualmente con alguien y estás tan a gusto con esa persona que lo que te pide el cuerpo es estar más a gusto todavía. Eso es: el cuerpo te pide marcha. Y tú, ¿quién eres tú para negarte un capricho? Sólo se vive una vez, pero en esta única vida no se tiene sexo una sola vez (ni, si me apuras, tampoco con una sola persona). Así que… ¡Qué bien nos vienen las épocas de sexo desatado para recuperar la autoestima en determinados momentos de nuestras vidas! (Pero ojo, como siempre decimos, es preciso elegir bien el momento, no vaya a ser que lo que consigas es bajar la autoestima de tu pareja estable y, por ende, la tuya propia).

Y venga, que ahora te toca a ti. Seguro que nos hemos dejado muchas tipologías de relaciones en el tintero. ¿Qué tipo de relación añadirías tú a esta lista? Go!