Sobre sexo… ¿están dispuestos los hombres a escuchar la verdad? ¿Están preparados para enfrentarse a las cosas tal y como son? Dejando a un lado clichés y estereotipos casposos, aquí va una lista de verdades como penes (digooooo, perdón, como puños):

 

  1. Duración

“Tres horas y media, casi cuatro.” Tíos, de verdad, qué fácil es hablar en la barra del bar. No hagáis el ridículo. Todavía a estas alturas y soltando récords Guinness por la boca. Los hombres aguantáis menos que nosotras. Punto final. (Ojo, un truquillo os/nos puede venir muy bien: se llama retardador del orgasmo. Éste de Toka va como la seda.)

 

  1. Complejidad

Yeahhhh! Así es. Las mujeres somos más sofisticadas. Qué le vamos a hacer. Nuestra sexualidad es más rica en matices, estamos diseñadas para obtener un abanico más amplio de placer. Nuestro cuerpo es un mapa de puntos calientes que os debéis aprender si queréis hacernos disfrutar de verdad. Es lo que hay.

 

  1. Cantidad

Atención a la palabra mágica: multiorgasmo. Frecuente en mujeres, prácticamente inexistente en hombres. Nosotras, entre orgasmo y orgasmo, a veces sólo necesitamos un suspiro. Vosotros, normalmente, entre orgasmo y orgasmo, necesitáis que se actualice Windows, leeros la trilogía de El hobbit y que el Atleti gane la liga dos veces. La obra del Escorial se terminó antes, así que menos lobos, porque…

 

  1. Sexo oral

… Efectivamente. La lengua es, con diferencia, la parte del cuerpo que más utilizáis para el sexo. Concretamente para hablar de él. Vuestras batallitas, queridos, a estas alturas, ya no os las creéis ni entre vosotros. Y mucho ojo, porque mientras sacáis pecho en vuestras competiciones de testosterona, puede que nos busquemos un amante mejor. A nosotras nos gusta el sexo oral, pero el de verdad. Que lo sepáis.

 

  1. Al terminar

Las diferencias fisiológicas entre vosotros y nosotras son claras. Al hombre, cuando la cosa llega a su fin, le entra sueño. A nosotras, más estables y dinámicas, el cuerpo nos pide seguir disfrutando, aunque con menos intensidad, sin buscar necesariamente un nuevo orgasmo. Por tanto, habrá que llegar a un acuerdo. Os podemos dejar echar una cabezadita, venga, vale. Pero de roncar, nada. A roncar al sofá. O ya sabéis donde está la puerta.

 

Ayyyyy. Nosotras y vosotros, qué parecidos y qué distintos en la cama. Por la cuenta que os trae, enfrentaos a la realidad. Porque como dice el dicho: las cosas claras y el semen espeso. O algo así.

 

 

XXX

(FDO: LOLA)