Riiiiiiiing. Suena el despertador. Ahhhhh. Madre mía. Con esfuerzo titánico y en cuestión de minutos (o de media hora según el caso) te levantas de la cama. Blasfemas. O puede que ni siquiera eso. Depende de cómo estés de humor. A lo mejor mascullas un leve “buenos días”, pero sólo por mantener los estándares mínimos de educación en vuestra relación de pareja. A ver qué remedio. Tu pareja tampoco tiene la culpa de que te siente tan mal madrugar para ir a trabajar. Poco después, con la desorientación típica de los primeros minutos del día (qué torta te daba tu madre), te metes en la ducha para que un buen chorro de agua caliente se lleve por el desagüe la mala leche. Y aun así, ay, todavía no eres persona. Café, desayuno… Venga, vamos para arriba.

Y corriendo a la oficina, donde (pena, penita pena) pasas la mayor parte del día. Imagina que, con suerte, terminas la jornada a tu hora y ningún marrón te complica la salida: es entonces cuando te toca meterte en el gimnasio, en clases de pintura, de inglés, de chino, de esperanto, de guitarra, de ukelele, de violonchelo, en yoga, en pilates, en restauración de muebles rústicos, en risoterapia, o en lo que Dios te haya dado a entender que tienes que hacer después del trabajo. Y seguro que algo tienes porque hoy todo el mundo tiene algo. Cualquier cosa menos sexo. Y es que la mayor parte del día la dedicamos a trabajar, a entretenernos, a aprender cosas, a cuidar de los amigos y de la familia, a tocar el violonchelo o lo que sea, pero… ¿Y el sexo? Llegamos a casa tan cansados que el sexo es una quimera. ¿En qué momento podríamos hacer el amor? ¿Vamos a tener que cuadrar las agendas con nuestras parejas o qué? Ejemplo práctico de conversación:

  • ¿Cómo tienes el próximo jueves 16 de marzo, cariño?
  • Tengo un hueco a las 19:17.
  • Pues a esa hora yo no puedo, que tengo clase de restauración de muebles rústicos.
  • Pues vaya por Dios.

Propóntelo, propónselo. De sobra sabes que el sexo tiene más repercusiones positivas para tu cuerpo que la soja y que el aguacate juntos. No te cortes y ponte como un loco a generar endorfinas haciendo el amor, que te van a venir muy bien. Tanto ir al gimnasio… y en realidad para ponerte en forma lo que tienes que ponerte es encima de tu pareja.

Lo único que haría falta sería eso… Sacarle al día 20 míseros minutos. ¿De verdad que no los tienes? A lo mejor deberías plantearte dejar las clases de ukelele, o lo de los muebles rústicos, o la dichosa risoterapia. Por favor, que ya somos mayorcitos. Hacer el amor debería ser como ir al baño: una parte ineludible de tu actividad diaria. Lo que pasa es que para esto no venden yogures, así que hay que currárselo un poquito.

Como decimos, 20 minutos serán suficientes (aunque, ya que te pones, intenta aguantar un poco más). Nosotros, por si acaso todavía no estuvieras convencido del todo (¿eres extraterrestre o qué?), te enumeramos aquí algunas otras ventajas que no pasarán desapercibidas a tu cuerpo y alma. Gracias al sexo:

  • Te sentirás mejor en general. Cantarás por las esquinas abonibi aboebe, abanibi quiere decir te quiero amor y cosas por el estilo.
  • Te mejorará el humor. Pero no imites más a Chiquito de la Calzada, por favor, que ya está muy visto.
  • Te notarás más optimista. Ya verás como dices a todo que sí, tontí
  • Irás con más regularidad al baño, porque estarás más contento y la flora y la fauna intestinal te funcionarán a tope. Y sin necesidad de yogures de esos que decíamos antes.
  • Te subirán las defensas. A ver qué virus tiene el valor de meterse en tu organismo, que va a salir calentito.
  • Afianzarás tu relación tú y tu pareja seréis in-des-truc-ti-bles. O, a unas malas, por lo menos no discutiréis tanto. Algo es algo.
  • Vivirás más intensamente. Aunque el partido de tu equipo sea amistoso gritarás “¡campeoooones, campeoooones, oé, oé, oéeeeee!”.
  • Estarás en mejor forma. Lo dicho: y encima dejarás de tirar el dinero en el gimnasio.
  • Tendrás mejor cara. Más o menos la de siempre -desgraciadamente los milagros no existen- pero con más brillo y sonriendo de oreja a oreja, eso sí.
  • Reducirás el estré Tú, como si vivieras en Hawai. A tu ritmo. Despacito.
  • Y recuerda sobre todo lo más importante: el sexo es una fuente increíble de placer. Jolín ¡que a veces parece que se nos olvida! (Qué torta te daba tu madre.)

Pues eso. Que, visto lo visto, no hay que pensárselo mucho: ¿de verdad que no te merece la pena buscar 20 minutillos para ponerte manos a la obra? Y ya que te pones, alma de cántaro, ¿qué tal si le das potencia al placer con tus Tokkets? Esos 20 minutos podrían ser gloriosos gracias al extra de pasión que te aportan. Métete el placer en el bolsillo.

Y tú, ¿de dónde sacas tiempo para el sexo? ¡Desvélanos tus secretos, artista!